La biBLOGteca

lunes, 28 de agosto de 2006

El indomable fiel amigo

"Si no fuera por la mancha parda que tenía sobre el hocico y encima de los ojos y por el mechón de pelo blanco que le cruzaba el pecho, bien se le habría podido tomar por un lobo gigante, más grande que el mayor de toda la manada. De su padre, el San Bernardo, heredaba el peso y el tamaño, pero su madre, la collie, le había dado forma a aquel peso y aquel tamaño."

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La llamada de lo salvaje de JACK LONDON.
(Múltiples ediciones); The Call of the Wild, 1903


Hay libros que aunque narran una historia sorprendente, indudablemente nos cuentan mucho más. Éste es el caso de La llamada de la selva (o llamada de lo salvaje, según versiones). Formalmente es la historia de un perro doméstico, Buck, que es arrancado del calor de una lumbre para tirar de un trineo en las frías estepas del ártico. Un viaje del estival y pacífico sur, al frío e insensible norte. Un cambio de las caricias y la comida abundante a la ley del garrote y el colmillo.

Pero por supuesto la historia de Buck es mucho más que eso. Escrito cuando el autor contaba tan solo 27 años, La llamada de lo salvaje conjuga con igual acierto, aunque en distintos términos, la dureza que la naturaleza impone a quienes están dispuestos a someterse a sus leyes de novelas como El viejo y el mar de Hemingway. Y es que incluso en el pacifismo y la inocencia de un animal pacífico yace un corazón salvaje dispuesto a despertar en cualquier momento y capaz de hacer lo que sea con tal de seguir latiendo.

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Originalmente publicada en el Saturday Evening Post, London escribió la historia de Buck acuciado por las críticas de su anterior relato: Diable (o Batard) que habla de un franco-canadiense que maltrata a su perro y como éste se revela matándole. Reprochado por mostrar a los perros como representaciones del mal, London se defendió señalando que las acciones del hombre sobre ellos son la principal causa de comportamiento de los animales. Y eso es algo que se observa muy bien en La llamada de lo salvaje, puesto que Buck irá reaccionando ante los distintos dueños: desde el pacífico Juez Millar en Santa Clara, hasta el despiadado hombre del jersey rojo que le golpeará por primera vez, conociendo una suerte de dueños, a cada cual más inepto hasta que termina siendo rescatado por Thornton, que será su único anclaje con el mundo civilizado.

"Le habían vencido (bien lo sabía Buck), pero no estaba derrotado. Se dio cuenta, de una vez y para siempre, de que no podía enfrentarse a un hombre con garrote. Se aprendió la lección y nunca en su vida la llegó a olvidar. El garrote fue para él una revelación que lo introdujo en el reino de la ley primitiva, y aceptó las reglas del juego. El sentido de la vida adquirió un aspecto más salvaje, y aunque no se arredraba al enfrentarse a este aspecto, lo hacía con toda la astucia latente que se había despertado en su naturaleza."

Buck, aunque instintivamente salvaje, esconde en su comportamiento la misma inteligencia adormecida que despierta en el Robinson Crusoe de Defoe. Y no es menos carismático.

La obra nos revela un espejo capaz de enfocar nuestras más oscuras y recónditas pasiones (pasiones por la caza, por la superioridad de la fuerza, por el contacto con la naturaleza), pero por encima de la moraleja respira una historia de aventuras, como ya no quedan.

Una buena idea para acostarse un poco antes y retrasar el sueño, mientras pasamos las páginas y acompañamos a Buck en la búsqueda de su verdadera esencia. Si no nos da miedo dar con ella, por supuesto.

Comentarios

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  • Fecha: jueves, 28 de septiembre de 2006
  •  | 
  • Hora: 19:11

Autor: pacogarciaher

Buena reseña. Es un libro fascinante.


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